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Paloma Díaz-Mas y Teresa Madrid Álvarez-Piñer (eds.), Cartas sefardíes de Salónica. La korespondensya (1906)

Anayeli Hernández Cruz*

Nueva revista de filología hispánica, 2017


Paloma Díaz-Mas y Teresa Madrid nos presentan en Cartas sefaradíes de Salónica la edición y estudio de La korespondensya. Livro de kartas diversas i de komercho que forman parte del acervo “Fondo Michael Molho” de la Biblioteca Tomás Navarro Tomás. Este manual, escrito a principios del siglo XX, incluye un conjunto de cartas en judeoespañol cuya finalidad es servir de modelo didáctico para el aprendizaje del género epistolar. Es decir, se trata de creaciones ficticias en cuyo contenido encontramos, principalmente, temas personales o íntimos, tales como la felicitación por una fecha especial, el pésame por el fallecimiento de un ser querido, consejos relacionados con cuestiones éticas o morales, invitaciones. También hay cartas que se concentran en asuntos comerciales, por ejemplo la solicitud de un empleo, la petición de un préstamo económico, la conformación o disolución de una sociedad mercantil y documentos que requieren ser firmados.

El libro está constituido por los siguientes apartados: un estudio en el que las autoras exponen su hipótesis acerca de la autoría de La korespondensya; una descripción física del texto original; la explicación de los criterios de transliteración al alfabeto latino y de puntuación -en algunos casos, el paso de un sistema de escritura a otro estuvo guiado por los objetivos de equivalencias entre las grafías con los fonemas del judeoespañol-; los argumentos que destacan la importancia histórica, antropológica, filológica y lingüística de esta obra y, por último, la presentación de algunas características lingüísticas del judeoespañol de las cartas, principalmente morfosintácticas y léxicas. Además, en cada uno se proporciona bibliografía para ampliar nuestro conocimiento de los temas a tratar.

El cuerpo del texto se conforma por las cartas didácticas, las cuales, originalmente, fueron escritas en alfabeto hebreo, práctica común en las lenguas habladas por los judíos, como el ídish. La mayor parte del contenido está en escritura rashi, letra semicursiva del alfabeto hebreo que en el siglo XIV se adaptó para escribir el español (cf. Sala 1970), aunque para títulos, epígrafes y palabras destacadas se recurre a la letra cuadrada. Por último, tenemos un glosario incluido por el autor en el texto original. En éste, tanto las entradas como las definiciones están en judeoespañol, algo que, según las editoras, no es tan usual en los diccionarios del sefardí, los cuales tienden, generalmente, a ser bilingües. En este listado de vocablos tenemos, además de palabras cuyos significados no se restringen a un área específica, léxico que pertenece a la terminología del comercio, y las definiciones pueden construirse por medio de sinónimos, o bien de paráfrasis. También Díaz-Mas y Madrid, con el propósito de ayudar al lector en el entendimiento del significado de algunas palabras aparecidas en La korespondensya, incorporan un glosario que se basa en el Dictionnaire de judeo-epagnol de Josep Nehama, publicado en Madrid en 1977 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

La trascendencia de esta obra radica en los datos que ofrece, que permiten acercarse a la vida cotidiana, a la cultura de los judíos españoles de Oriente, así como a la lengua que hablaban y que conservaron después de su expulsión de España a finales del siglo XV: el judeoespañol, sefardí, spañolit, djudezmo o ladino1. Si bien se trata de creaciones ficticias con objetivos específicos, entre los que encontramos el servir de modelos ético-morales, éstas podrían reflejar de manera indirecta las costumbres de los judíos sefaraditas y el modo de relacionarse socialmente. Por ejemplo, según mencionan las editoras, el hecho de que las mujeres no aparezcan como destinatarias o remitentes de las cartas puede darnos un indicio del papel que ocupaban en esta sociedad.

Por medio de las cartas podemos adentrarnos al mundo de las festividades judías, los rituales para celebrarlas y el modo de entender la vida y la muerte. Así, en una respuesta a una karta de kondoliensas se dice lo siguiente: “La piédrita ke lyo ize es muy kruela; el tiempo el propyo non podrá kalmar mi dolor” (p. 77). Las líneas anteriores se pueden entender de mejor manera si ahondamos en las costumbres judías relacionadas con el entierro de los muertos, según las cuales, a diferencia de la religión católica, en que los panteones se llenan de flores, en las tumbas judías se coloca una piedra que simboliza el respeto por la persona fallecida y el recuerdo que se guardará de ella.

Dada la naturaleza del género en el que se requiere de un interlocutor o destinatario al que el hablante se dirija con determinado estilo de habla, estas cartas proporcionan material valioso desde el punto de vista lingüístico para el estudio, por ejemplo, de las formas de tratamiento pronominal y verbal en judeoespañol. Según las editoras, vos es el pronombre mediante el cual se expresa un tratamiento deferencial hacia personas de mayor jerarquía o a las que se quiere dar un trato respetuoso, como el jefe, el padre y, algunas veces, los amigos, cuando se trata de temas formales. En cambio, cuando se escribe a los hijos o a los hermanos, se recurre al tuteo.

Un punto que el lector debe tomar en cuenta cuando se acerque a las Cartas sefaradíes de Salónica es la situación del judeoespañol en los países de Oriente y el contexto histórico en el que se desarrolló, a saber: el gran apogeo de la cultura sefardí y del judeoespañol durante los siglos XV y XVI y su declive a partir del siglo XVII, causado por cambios en las relaciones económicas, y el desmembramiento del Imperio otomano, que trae como consecuencia la creación de los estados nacionales y la imposición del aprendizaje de la lengua de cada región. Esto provoca que el prestigio del judeoespañol comience a disminuir, que los hablantes empiecen a sentir menos lealtad por su lengua y que ésta reduzca sus ámbitos de uso.

A lo anterior hay que sumar que, en el siglo XIX, los judíos sefaraditas, principalmente aquellos que gozan de una posición económica acomodada, entran en un proceso de occidentalización promovido por los judíos franceses e italianos. Así, se crea el centro de estudios Dante Alighieri, el cual tuvo mucha influencia sobre la cultura sefardí y su lengua, a la que entran muchos italianismos. La Alianza Israelita Universal, por su parte, funda escuelas en que las clases se imparten en francés (Revah Donath y Enríquez Andrade 1998, p. 50). Lo anterior trae como consecuencia que el italiano y, con mayor impacto, el francés influyan considerablemente en el judeoespañol y, en general, en las costumbres de los judíos orientales, quienes ven en Francia un importante referente cultural.

Las Cartas sefardíes de Salónica, sin embargo, son prueba del intento de algunos intelectuales de la época que, para no reducir el uso del judeoespañol al ámbito familiar, lo cultivan mediante la escritura. Es por ello que Joseph Nehama, a quien Paloma Díaz-Mas y Teresa Madrid adjudican la autoría de La korespondensya, advierte que no es necesario utilizar palabras de otras lenguas, ya que “la avla de vuestra madre es la más mijor, la más clara” (p. 68). No obstante, en las cartas encontramos una considerable cantidad de léxico y de estructuras del francés, lo cual da cuenta de la importancia que esta lengua tiene entre los intelectuales sefaraditas y de su influencia en el judeoespañol.

De lo anterior podrían resultar estudios del léxico y los calcos sintácticos utilizados en estas cartas, ya que hay palabras de origen turco, de origen hebreo, principalmente del campo léxico de la religión, del italiano y del francés, lenguas que proveen gran cantidad de cultismos y léxico del comercio. Esto permitiría hacer una diferenciación de aquellos vocablos usados en La korespondensya que tienen un mayor arraigo en la lengua, dado su alto grado de adaptación -por ejemplo, dezmazalada (p. 76), en que a una base de origen hebreo mazal ‘suerte’, se agrega el prefijo dezy el sufijo -ada del judeoespañol-, de aquellos que son utilizados aisladamente por el autor, debido al dominio de ambas lenguas.

Otra cuestión en la que valdría la pena detenerse es el papel que tuvo el español en la redacción de las cartas. Lo común entre los intelectuales de la época era recurrir al italiano y al francés para la estandarización de la lengua -incluso la puntuación de las cartas de La korespondensya se apega a las reglas del francés-; sin embargo, las editoras apuntan rasgos que pueden tener raigambre española, como los vocablos novedad y prudente.

Por último, es importante notar que las cartas se imprimieron en Salónica, ciudad que, junto con Constantinopla (Estambul), fue un centro cultural muy importante para los judíos de Oriente, dato que también debe tomarse en cuenta al momento de acercarse al judeoespañol de las cartas por las siguientes razones: los judíos que se exiliaron en el Imperio otomano provenían de distintas regiones de la península Ibérica, por lo cual hablaban leonés, catalán, aragonés, gallego y castellano2. Estas diferencias se van uniformando gradualmente con la creación de una koiné que dará lugar al judeoespañol, lengua que comienza a alejarse cada vez más del español (Wagner 1930, p. 21; Sala 1970, pp. 132-134) y que no participa en los cambios fónicos ocurridos en esta lengua durante los siglos XVI y XVII. Sin embargo, permanecen algunas huellas de las distintas lenguas habladas por los judíos antes de la expulsión, de lo que resultará una variación dialectal del sefardí.

Investigadores como Max Leopold Wagner y Marius Sala consideran que en el judeoespañol hay dos grandes divisiones dialectales: un área occidental de la península Balcánica y un área oriental. A esta divergencia, causada por la influencia de las lenguas que los judíos hablaban en España, hay que sumar que, en Salónica y Constantinopla, al ser centros de irradiación cultural, el peso de la normatividad era de mayor contundencia que en las regiones más periféricas, por lo cual estas últimas tienden a desarrollar fenómenos que en las primeras son refrenados. Por ejemplo, las vocales medias y la vocal baja, generalmente, se cierran en posición átona, lo cual, por ser considerado vulgar, estigmatiza a algunos hablantes de judeoespañol.

Tenemos, también, que en Salónica el fonema fricativo labiodental sordo /f/ se conserva en una mayor cantidad de palabras, en comparación con otros dialectos del área occidental, en los que este fonema puede o no aparecer (Sala 1970, p. 166). Estos fenómenos podrían ser estudiados en las cartas, cuya ausencia o aparición reflejaría el intento de apegarse a la norma del judeoespañol de Salónica, la cual podría fungir como modelo para la estandarización de esta lengua.

En conclusión, las Cartas sefaradíes de Salónica es una obra que nos brinda un material valioso en espera de ser explorado desde distintas disciplinas, como la historia, la antropología, la filología, la lingüística. Su investigación y análisis contribuirán al mejor entendimiento de la cultura y la lengua de los judíos expulsados hace poco más de cinco siglos de España o Sefarad, tierra por la que siempre sintieron mucho arraigo y profunda nostalgia. Además, Paloma Díaz-Mas y Teresa Madrid, mediante su estudio, nos proporcionan una guía que sirve de base para analizar los distintos fenómenos encontrados en La korespondensya.





Referencias
Donat, Revah y Héctor Manuel Enríquez Andrade 1998. Estudios sobre el judeo-español en México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Sala, Marius 1970. Estudios sobre el judeo-español de Bucarest, Universidad Nacional Autónoma de México, México.
Wagner, Max Leopold 1930. Caracteres generales del judeoespañol de Oriente, Centro de Estudios Históricos, Madrid. (Anejos de la Revista de Filología Española, 12).

Notas al pie:

1.

fn1El ladino es la lengua escrita usada principalmente en textos religiosos, que calca la sintaxis y morfología del hebreo, pero con palabras del español; sin embargo, con el tiempo, ladino adquirió el significado de ‘lengua hablada por los judíos españoles que emigraron al Imperio otomano’. Cf. Revah Donath y Enríquez Andrade 1998, pp. 103-106.


2.

fn2A esto hay que sumar la considerable influencia del portugués sobre el judeoespañol, ya que muchos judíos, una vez que se decretó su expulsión, emigraron a tierras portuguesas y adoptaron esta lengua.


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