https://nrfh.colmex.mx/index.php/nrfh/article/view/3422/3537

Variables en un sistema deíctico binario: aquí, acá, ahí, allí y allá en el español de México

Sara Stradioto1; Ricardo Maldonado2

1. Universidad Nacional Autónoma de México. sarastradioto@gmail.com, Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad Nacional Autónoma de México, Mexico, E-mail: , 2. Universidad Nacional Autónoma de México. Universidad Autónoma de Querétaro. msoto@unam.mx, Universidad Autónoma de Querétaro, Universidad Autónoma de Querétaro, Mexico, E-mail:



Resumen:

Este artículo describe el significado de aquí, acá, ahí, allí y allá en el español mexicano desde la semántica cognoscitiva. El paradigma se distribuye binariamente con base en las variables: 1) modo de construcción de la escena, en que la terminación -á contrasta con -í en grados de subjetividad; 2) integración de ego en el espacio de referencia, en que acá representa la integración total y allá, la separación impuesta por algún obstáculo conceptual; 3) el dominio de ego, en que aquí designa las localizaciones que están en este dominio; y 4) la focalidad, en que allí designa localizaciones que se encuentran en una región no-focal y ahí, las que se encuentran en una región focal. Como consecuencia de su valor más objetivo y focal, ahí asume el papel de miembro no-marcado de la categoría.

Recibido: 16-05-2016; Aceptado: 12-09-2017

Nueva revista de filología hispánica, 2018

Palabras clave: demostrativos, deixis, español, México, semántica cognoscitiva.
Keywords: demonstratives, deixis, Spanish, Mexico, cognitive semantics.

Introducción*

Las palabras aquí, acá, ahí, allí y allá han sido tratadas dentro de la categoría de los demostrativos de la lengua española por cumplir con la función de señalar localizaciones que están en relación con un centro deíctico. Sintácticamente, su valor está normalmente reflejado como modificador verbal (“siempre desayuno aquí”), aunque también puede aparecer como modificador nominal (“pásame la cuchara de allá”). Sin embargo, no hay acuerdo en los estudios especializados sobre la naturaleza de sus significados o sobre la manera en que contrastan.

Las propiedades semánticas de aquí, acá, ahí, allí y allá han sido descritas con base en dos sistemas de orientación deíctica, uno relacionado con la persona del discurso y otro con la distancia (Fillmore 1982, pp. 49-50, y Anderson & Keenan 1985, pp. 282- 286). El primer tipo de orientación es sensible al cambio de centro deíctico entre los participantes de la comunicación. Las lenguas con sistemas orientados en la persona emplean términos diferentes para el dominio del hablante y para el dominio del oyente. Éste es el caso, por ejemplo, del japonés, en el que kore indica proximidad del hablante, y sore, proximidad del oyente (Diessel 1999, p. 59). Diversos estudios describen los demostrativos del español con base en estas características (Alonso 1968; Bello 1981; Matte Bon 1995; Moliner 1998; Alzueta de Bartaburu 2000; Alarcos Llorach 2001; RAE 2009, entre otros). A aquí y a acá les queda reservado el espacio del hablante, a ahí, el del oyente, y a allí y a allá, el espacio en el que no se encuentran los interlocutores -o el espacio de la “tercera persona”.

Los sistemas deícticos orientados en la distancia son ciegos a la ubicación del oyente. En este modo de orientación, lo que importa es la disposición del referente con respecto al lugar ocupado por el hablante. El contraste más común en las lenguas es el de dos grados de distancia, cerca o lejos del centro deíctico, pero también se han identificado sistemas ternarios que tienen una forma propia para designar referentes ubicados a una distancia intermedia (Diessel 2013). Esto se observa en la lengua abelam, en que las raíces kén, an y wan indican, respectivamente, distancia cercana, intermedia y alejada del hablante (Diessel 1999, p. 15). De manera contraria a los estudios previamente mencionados, hay otros que declaran que éste es el caso del español (Hottenroth 1982; Anderson & Keenan 1985; Terrado Pablo 1990; Moliner 1998; Marcos Marín, Satorre Grau y Viejo Sánchez 1999, entre otros). Para esta línea teórica, el par aquí-acá designa la distancia cercana (pero aquí con la referencia a un lugar ligeramente más distante que acá); ahí, la distancia intermedia, y allí-allá, la distancia lejana (pero allá con la designación de un lugar ligeramente más distante que allí).

La descripción de aquí, acá, ahí, allí y allá con base en las propiedades deícticas de distancia y de persona presenta algunos problemas. Primero, en lo que toca a los pares de demostrativos que designan el espacio del hablante o ubicado a una distancia cercana (acá-aquí), el uso demuestra que no siempre son intercambiables. En México, el anuncio visible en la estantería de una biblioteca difícilmente aceptaría acá para informar dónde deben depositarse los libros (con el fin de ahorrar espacio, todos los usos agramaticales de otros deícticos se pondrán entre paréntesis y se marcarán con asterisco [*] en distintos ejemplos, como es el caso de acá en [1]):

(1) Favor de depositar los libros aquí (*acá ) [letrero de la Biblioteca Pública José Martí, colonia Progreso Tizapán, Ciudad de México].

Además, el lugar referido por aquí no siempre coincide con el lugar en el que se encuentra el hablante. En el caso de (2), el lugar de la “Zona Rosa” es introducido por aquí, aunque el hablante no se halle precisamente en este lugar:

(2) A: ¿Y dónde tienes tu otro estudio?
B: Aquí en la Zona Rosa, a sólo 20 minutos (hablante en otro barrio).

Parece ser que sobre la distancia recaen otras propiedades distintivas. Lo mismo se observa para las formas tradicionalmen- te atribuidas a distancias lejanas, en que ciertos contextos pre- fieren un demostrativo sobre otro. En México, por ejemplo, la pregunta en (3) acepta únicamente allá:

(3) ¿Qué tal todo por allá (*allí )? (hablando por teléfono).

Las restricciones que a menudo surgen con estos pares de demostrativos no se presentan con ahí. Ya sea en una deixis orientada en la persona, ya en una orientada en la distancia, los datos sugieren que este demostrativo es más flexible que los demás. Ahí puede asumir distintos grados de distancia, cercana (4), media (5) o lejana (6):

(4) en la fuente/ ah pues no/ pues tú / ahí ahí está ¡padrísima!/ esa la voy a ampliar/ salió ¡muy padre! [CSCM].
(5) E: podía haber tenido secundaria [ya/ ¿no?]
I: [sí/ sí/ sí]/ como la secundaria Tlalpan que está ahí en contraesquina
E: claro/ [mh]
I: [creció] creció creció/ y ahora ya tiene preparatoria [CSCM].
(6) I: tal vez sí/ entonces sí es que carne buena/ pero ya el animal ya está criado/ con puro alimento/ ya no es pastoreo/ entonces todo ese alimento los hace crecer los hace/ pero ya la carne ya no
E: mh
I: ya no va-/ vete a un pueblito ahí lejos por ahí <~ai>/ digamos por/ las costas/ comes una carne/ sabrosa y buena
E: y sí se siente ¿no? el/ el olor es este [CSCM].

Llama la atención que incluso puede hacer referencia a la propia localización del oyente:

(7) Estuvo sentada ahí donde tú estás [CREA México, oral].

La descripción tradicional de los significados de aquí, acá, ahí, allí y allá es insuficiente para dar cuenta del uso real de estos demostrativos en el español hablado en México. En lo que toca a las características deícticas, no sólo el espacio atribuido a una de estas formas no representa el uso real (cf. 2), como tampoco las formas consideradas sinónimas presentan las mismas restricciones (cf. 1 y 3). Además, el uso de ahí parece no estar limitado al espacio “del oyente” o a la distancia media de los sistemas deícticos ternarios (cf. 4-7).

Este trabajo propone que en el español hablado en México los demostrativos aquí, acá, ahí, allí y allá componen un sistema deíctico regido por variables cognoscitivas. La primera consiste en el modo de conceptualización de la escena (en inglés construal; véa- se Langacker 1987, 1991a, 1993a, 2008), la cual separa la categoría en dos subgrupos: el responsable de un ajuste de mayor subjetividad (demostrativos con terminación -á) y el responsable de una representación más objetiva (demostrativos con terminación -í). Este aspecto se analiza en el siguiente apartado. Del modo de conceptualización de la escena se desprenden distintas dimensiones del campo mental, las cuales serán tratadas en “Dimensión del campo mental”. La integración de ego con el espacio de referencia es lo que determina el contraste entre las formas más subjetivas, acá y allá. Por lo demás, la relación paradigmática de la tríada aquí-ahí-allí está marcada por dos dimensiones, el dominio de ego y la focalidad. Por último, se presentarán datos para sostener el argumento de que, en México, el demostrativo ahí ocupa el estatus de miembro no marcado de la categoría. Como consecuencia, esta forma se encuentra en un proceso de atenuación locativa que se presentará de manera detallada en el apartado “Ahí, demostrativo no-marcado”.

Arreglo de visualización

El punto central de cualquier discurso consiste en coordinar la cognición del hablante y del oyente. Establecemos una interacción comunicativa con una persona con el propósito de invitarla a construir conjuntamente la conceptualización de las entidades que están en el mundo. Cuando se establece un acto enunciativo, los participantes asumen el papel de sujetos de la percepción, y las entidades de las que hablan, ya sean objetos físicos, conceptos o sensaciones, operan como objetos de la percepción.

La coexistencia de una persona que habla y otra que escucha es la condición básica para lograr que se establezca una interacción comunicativa. Asimismo, todo evento sucede en determinado lugar y en determinado tiempo. El conocimiento de estas propiedades contextuales es esencial para el establecimiento de la coordinación de la cognición entre los interlocutores; sin embargo, dada su naturaleza implícita, los participantes y el contexto no tienen por qué ser mencionados cada vez que se establece un diálogo. Por este motivo, las personas, el lugar y el tiempo de la comunicación, así como otras circunstancias que importan en determinado momento, pueden ser puestas “fuera de escena”. Es decir, se asume que existen, a pesar de que no constituyen el foco de atención de los interlocutores en su ámbito inmediato. Sin embargo, en algunas ocasiones los participantes de la comunicación desean hablar de ellos mismos o del tiempo y espacio en que se encuentran, pues estos elementos igualmente forman parte del universo de las cosas que existen en su entorno. Cuando esto sucede en el ámbito personal, el hablante y el oyente son a la vez los sujetos y los objetos de la percepción. Tal participación les concede prominencia y los promueve a un lugar “en escena”, valores que, en el discurso, se reflejan en una formalización explícita.

El arreglo en la visualización está relacionado con las alternancias de prominencia descritas anteriormente. Cuando las circunstancias inmediatas del habla se sobreentienden, la escena es conceptualizada con mayor subjetividad; cuando estas mismas características se mencionan explícitamente, el arreglo de visualización se establece de manera más objetiva. La situación aquí descrita procura caracterizar cómo los grados de subjetividad se reflejan en el lenguaje.


[Figure ID: ch1] Imagen 1.

Fragmento del mapa de Tequisquiapan (Qro., México).


Imagínese una situación en la que dos interlocutores caminan de la tienda La Vaca Feliz al Best Western por la calle H. Colegio Militar. En determinado momento, uno pregunta a otro dónde está la calle Jaime Nuño. Éste, a su vez, le responde:

(8) A la derecha.

Para interpretar correctamente el significado del enunciado (8), el participante que hizo la pregunta debe tener conocimiento de la ubicación de su interlocutor. Además, debe saber que, al decir “a la derecha”, el hablante parte de sí mismo como punto de referencia y no de otro elemento presente en el contexto físico. Aunque esta información sea esencial para la comprensión del enunciado, en ningún momento es mencionada de manera explícita, y aun así el oyente no tiene problemas para identificar la localización de la calle. Este uso representa un arreglo de visualización de mayor subjetividad en virtud de que está calculado a partir de la ubicación del conceptualizador.

Imagínese ahora una situación en la que el mismo participante quiere enfatizar que la derecha a la que se refiere es la suya, esto es, que parte de él mismo el punto de referencia. En este caso, diría algo como:

(9) A mi derecha.

Al igual que en (8), el participante que hizo la pregunta debe tener conocimiento de la ubicación de su interlocutor para la interpretación correcta del enunciado (9). Sin embargo, al contrario del ejemplo (8), el establecimiento del propio hablante como punto de referencia se menciona de manera explícita por medio del posesivo mi. Al utilizar el posesivo de primera persona, el hablante se coloca como objeto observable de la escena, estrategia que comprende un arreglo de visualización de mayor objetividad que el de (8). El contraste es sutil pero no poco significativo. A diferencia del artículo, el posesivo objetiva las partes del cuerpo y les da un cierto grado de independencia respecto del sujeto. Si decimos “me duele la cabeza” sólo observamos una relación intrínseca entre la cabeza y el participante, pero si decimos “mi cabeza no procesa bien esas cosas”, la cabeza es observada con mayor objetividad, como si se tratara de una entidad independiente del participante. Del mismo modo, “mi derecha” en (9) es una entidad conceptualizada con mayor objetividad, vista como una entidad más separada de mí que si dijera “la derecha”.

En el caso de los demostrativos tratados en el presente estudio, el contraste de objetividad/subjetividad se presenta de manera aún más sutil. En la sección siguiente, se verá que la serie de demostrativos con terminación -í se distingue de la serie con -á por ocupar un espacio que, siendo subjetivo, manifiesta ya rasgos de objetividad.

Grados de subjetividad en los demostrativos

Si se toman en cuenta las propiedades cualitativas del espacio de referencia, los cinco demostrativos del español se subdividen en dos series, una ternaria con terminación -í y una binaria con terminación -á. A la primera de estas series, compuesta por aquí, ahí y allí, se le ha atribuido el valor de espacio determinado, estático y específico (Bello 1984; Matte Bon 1995; González García 1997; Moliner 1998; RAE 2009). A la segunda se le adjudica un espacio indeterminado, dinámico y difuso, representado por el contraste binario entre acá y allá (Bello 1972; Carbonero Cano 1979; Nilsson 1983; Ramsey 1966; Salvá 1988). Se ha dicho que estas características son herencia del sistema latino en el que acá y allá, cuyo origen se encuentra en las formas terminadas en -ac (hac e illac), se ocupaban de las situaciones compatibles con la conceptualización de una trayectoria, mientras que aquí, ahí y allí, provenientes de las formas terminadas en -ic (hic e illic), se ocupaban de las situaciones estáticas1. Sin embargo, todo parece indicar que tal oposición se ha perdido en la mayoría de los dialectos del español (Maldonado 2012). A la luz de los ejemplos en (10), podemos corroborar que aquí también se usa con verbos de movimiento; en (10a) constituye la meta puntual de una trayectoria, mientras que en (10b) es, a la vez, fuente y meta:

10) a. O estoy borracha o estoy locamente enamorada, porque no tengo ni la menor idea de cómo he llegado hasta aquí (CREA México, 2002).
b. Encontré un lugar para la paz. Desde aquí iba a España, y aquí volvía después. Hay un monasterio benedictino allá arriba (CREA México, 2002).

Las propiedades del referente son sólo una faceta de la descripción semántica de los demostrativos. Un análisis más detallado de su significado incluye la representación mental que los hablantes tienen de estas formas. Desde una perspectiva de corte cognoscitivo proponemos que el contraste entre las series -í y -á resulta de una gradación de la subjetividad con la que se conceptualiza el espacio de referencia. Con el par acá-allá, el ajuste de visualización es más subjetivo que con la tríada aquí-ahí-allí.

Sobre el dominio de ego, Maldonado (2012) explica que acá sirve como locación y punto de referencia, mientras que aquí demarca puntos ubicados en la región próxima al hablante. Los efectos de este ajuste permiten discernir el evento ubicado en aquí como ligeramente más lejano que el evento de acá. A aquí corresponde un espacio que, siendo próximo a ego, cuenta con la suficiente distancia para ver el evento de manera menos subjetiva. La locación y ego se diferencian con suficiente nitidez:


[Figure ID: ch2] Imagen 2.

Aquí x acá en el español de México (Maldonado 2012).


Antes de entrar a la discusión sobre el significado de estos demostrativos, es importante establecer una distinción entre el lugar de la conceptualización, que determina el “punto de vista” del conceptualizador, y el lugar de referencia o “locación” en que se encuentra el objeto de percepción. El primero consiste en el espacio ocupado por ego, que en español se caracteriza por ser el hablante -en ese sentido, el lugar de la conceptualización es naturalmente un espacio privado-; el segundo consiste en el espacio sobre el que se habla, y por lo tanto no presenta restricciones en cuanto al número de entidades que lo pueden ocupar. Por ejemplo, en (11), el lugar de referencia está ocupado tanto por el hablante como por el licenciado; en (12), el lugar ocupado por el hablante (representado por acá) no es el mismo que el lugar ocupado por el hombre (representado por allá):

(11) ah porque/ con la persona que <…> trabajaba acá también/ con el/ licenciado de acá [CSCM].
(12) sí sí sí/ y más que nada él se queda allá y yo me vengo para acá/ o él/ si no él/ él se va para allá y yo me vengo para acá [CSCM].

Una vez establecida la distinción entre estos dos lugares, se verá cómo las propiedades del arreglo de visualización se codifican en cada serie de demostrativos. El ajuste más objetivo de aquí explica su uso para designar el lugar de depósito de los libros en el letrero de la biblioteca en el ejemplo (1), aquí retomado para facilitar la lectura:

(1’) Favor de depositar los libros aquí (* acá ).

Así como la mayor objetividad está representada en los usos de aquí, en el español de México el uso de acá sirve a contextos donde el lugar de referencia y el lugar ocupado por el hablante se superponen. Cuando el campo de visión está “inmerso” en el lugar de referencia, la propia presencia del hablante deja de ser observable, lo que resulta en un ajuste de mayor subjetividad. Esto explica la restricción de acá en (1’). Un anuncio como “Favor de depositar los libros acá” sólo sería posible en una situación en la que el propio letrero fuera el lugar señalado y no la estantería ubicada a una distancia próxima frente al lector. En cambio, con aquí, se trata de un espacio observable al que el lector del letrero se puede aproximar.

El problema representado en (2) también se explica con base en estos factores. El hablante emplea el demostrativo aquí antes del locativo “en la Zona Rosa” con el propósito de indicar a su oyente que puede acceder a una localización a la que tanto hablante como oyente tienen acceso. El hecho de que se comparta este acceso general aporta una sensación de cortesía o familiaridad, como se puede corroborar en (2’):

(2’) a. A: ¿Y dónde tienes tu otro estudio?
B: Aquí en la Zona Rosa, a sólo 20 minutos (hablante en otro barrio).

Una prueba de ello consiste en comparar el enunciado original (2’a) con la omisión del demostrativo. Al retirar aquí, desaparece también la información de que tanto hablante como oyente tienen acceso a la localización “Zona Rosa”. Como consecuencia, el nuevo enunciado en (2’b) no genera ningún efecto de fácil acceso, de aproximación, o incluso de cortesía por parte del hablante:

(2’) b. A: ¿Y dónde tienes tu otro estudio?
B: En la Zona Rosa.

Otra prueba de ello consiste en sustituir aquí por acá. En este caso, se mantiene el significado de que la Zona Rosa es accesible y se encuentra conceptualmente cerca del hablante. Sin embargo, se añade la información de que este lugar es presentado como una zona con la que el hablante tiene especial familiaridad y en la que el oyente no necesariamente está incluido; si lo está, es conceptualizado como parte del grupo del hablante; si no, queda excluido de la zona de proximidad:

(2’) c. A: ¿Y dónde tienes tu otro estudio?
B: Acá en la Zona Rosa.

De manera similar a la omisión del demostrativo en (2’b), el ajuste de mayor subjetividad resultante de acá disminuye el efecto de cortesía cuando evidencia que el oyente no es parte del grupo del hablante. Este efecto se explica por el hecho de que el hablante tiene acceso prioritario a la locación, lo cual pone al oyente en una posición de desventaja. De manera contraria a (2’b), la sustitución con acá genera una accesibilidad asimétrica entre los participantes. Más que una proximidad locativa, la referencia con acá implica que el evento está sometido al filtro del conceptualizador como participante prioritario. Esto hace que acá se emplee en usos valorativos con mayor subjetividad, como se observa en (13):

(13) nos vamos así a un restaurán [sic] muy acá (* aquí ) [CSCM]. (Muy fino y elegante).

En cambio, la posibilidad de que en México se elija aquí en un enunciado del tipo “¿Tengo una basurita aquí en el diente?”, sólo es posible debido a la mayor objetividad de este demostrativo. En un primer momento, se podría pensar que, de estar el diente ubicado en el propio cuerpo del hablante, la introducción de este referente en el entorno comunicativo implicaría una mayor presencia del conceptualizador. Pero en este caso, sucede justamente lo contrario. Al decir aquí, el hablante se desprende de la conceptualización egocéntrica y asume la mirada del interlocutor, quien tiene la posición óptima para detectar objetivamente la basura en el diente. Aunque en el mundo real el diente y el hablante están en una relación parte-todo, en la configuración conceptual impuesta por aquí se conceptualizan de forma separada. Se trata de un efecto similar al uso del posesivo en la alternancia “la cabeza” vs. “mi cabeza”, descrita en la sección anterior, en que el posesivo permite conceptualizar la parte del cuerpo como independiente del participante. Este desprendimiento es lo que permite una situación objetivizante en que el hablante se ubica mentalmente en el campo idóneo de acceso inmediato. El uso de “acá en el diente”, en vez de “aquí en el diente”, hace que el hablante y el diente sean conceptualizados como una sola entidad, lo cual impide ver el diente de forma objetiva.

Hasta el momento se ha sugerido que el contraste entre aquí y acá en el español de México resulta del ajuste en el modo como se conceptualiza la localización. Un fenómeno semejante ocurre con las formas que tradicionalmente han sido atribuidas a regiones distantes, ahí, allí y allá.

Allá expresa una conceptualización más subjetiva de un lugar que no se encuentra en el dominio de ego. Como consecuencia de este valor, cuando el hablante emplea allá es menos preciso y enfático que cuando elige ahí o allí. Esto explica la preferencia por allá en situaciones como la siguiente:

(14) él quiere que también se le decoren sus recámaras y todo eso a lo grande/ entonces él quiere que ahorita yo me vaya por allá (* allí ) lejos y aprenda y / haga otro tipo de decoraciones cada que yo termino un trabajo yo voy y se lo muestro [CSCM].

De manera contraria a acá y allá, los demostrativos de la serie -í se caracterizan por partir de la presencia del hablante como conceptualizador de la escena, representando así una mayor objetividad. Al igual que con aquí, en allí el hablante ocupa la posición idónea para conceptualizar el objeto de percepción sin ser parte de la escena. La consecuencia de este ajuste es que el evento resulta “señalable” con mayor énfasis y precisión que con allá. Este efecto se observa en (15), en que el hablante recurre a allí para indicar la localización puntual de la bolsita:

(15) y le digo este/ digo “no/ no hay cosa del de arriba/ récele usted un Padre Nuestro usted lo socorre y si quiere y si no pues no”/ “no cómpreme usted/ porque mire usted mi niño/ quiere este su desayuno y no tengo dinero”/ “¿y cuánto vale?”/ dice “tres pesos”/ “pues déme usted uno”/ y este/ lo enredó en el papel de rollo “espere usted voy a buscar una bolsita porque no quiero que lo vea ninguno”/ lo agarró/ y lo enredó y yo le dije “traiga usted esa bolsita que está allí se lo di/ y lo metió a la bolsita [CSCM].

El uso de allá, en lugar de allí, sólo sería posible si el objeto no estuviera a la vista o si hubiera un obstáculo que limitara su acceso visual inmediato, como sería el caso de un locativo que especificara el lugar alterno en que se ubica la bolsita (“traiga usted esta bolsita que está allá en la cocina”). Esto responde al carácter poco “señalable” de la serie -á. Por el contrario, el ajuste más objetivo de la serie -í es ideal para establecer el acceso común del hablante y del oyente a una localización. Otro ejemplo de ello es el hecho de que en México se pueda decir “lo tienes ahí en la mano”, pero no “lo tienes *allá en la mano”. Así como los ejemplos anteriores, esta restricción se explica una vez que ahí contrasta con allá por señalar un referente accesible a los interlocutores, como es el caso de un objeto que el oyente tiene en la mano.

Las propiedades cualitativas que han sido atribuidas al espacio designado por los demostrativos son efecto de los grados de subjetividad en el arreglo de visualización. Cuando la presencia del conceptualizador de la escena se presenta de manera explícita (serie en -í), la localización de referencia es contemplada cabalmente y se percibe como puntual y precisa. En un ajuste de mayor subjetividad, la presencia implícita del conceptualizador hace que la referencia se perciba simultáneamente como más dinámica e imprecisa.

El arreglo de visualización separa las formas demostrativas en dos subgrupos; sin embargo, este criterio no es suficiente para explicar cómo contrastan los elementos de cada subgrupo. La distribución entre los miembros de cada categoría está pautada por distintas dimensiones del campo mental.

Dimensiones del campo mental

El ajuste en la conceptualización del espacio de referencia separa el paradigma de los demostrativos en dos grupos, uno responsable de mayor objetividad (terminación -í) y otro ligado a mayor subjetividad (terminación -á). Como consecuencia de este arreglo de visualización, los miembros de cada serie presentan paralelismos de distinta naturaleza.

En esta sección intentaremos demostrar que la relación paradigmática de la serie -á está marcada por la integración de ego con los espacios de referencia, mientras que la serie -í se organiza en torno a una relación independiente en la que conceptualizador y objeto de la percepción se observan como dos entidades disociadas. En ese sentido, acá contrasta con allá en cuanto a la presencia o ausencia de un obstáculo mental entre ego y el espacio de referencia. A su vez, la distribución ternaria de la serie -í está marcada por un contraste que interviene en dos dimensiones del campo mental: el dominio y la focalidad. Aquí designa referentes que están bajo el dominio de ego, y ahí y allí se diferencian entre sí según el estatus focal de su referente. A continuación, trataremos con más detalle las nociones de dominio y focalidad.

Acá” y “allá”. Integración deego

La mayor subjetividad de los demostrativos con terminación -á está relacionada con un ajuste de visualización en que el hablante “se mete en la escena” y tiene la capacidad de advertir una localización a la cual está integrado, pero no la de percibirse a sí mismo. Como consecuencia de ser un conceptualizador inmerso en su propio campo de visión, la relación entre el lugar de referencia de acá y de allá está marcada por la identificación de ego con estos espacios.

Según se ha discutido en la sección anterior, acá designa a la vez el lugar de la conceptualización y el lugar que es objeto de la percepción. El hablante que emplea este demostrativo se identifica con el referente de manera tal que lo conceptualiza como una entidad integrada a él mismo y se otorga, por tanto, un acceso privilegiado a la localización. En diversas ocasiones hemos tratado de demostrar esta relación -por ejemplo, en la presencia del hablante en el lugar al que se refiere (ej. 12: “…él se va para allá y yo me vengo para acá”); en la anomalía de acá para indicar el lugar de depósito de los libros (ej. 1: “favor de depositar los libros *acá”) o en la pregunta al oyente sobre un lugar al que el hablante no tiene visión privilegiada (“¿Tengo una basurita *acá en el diente?”); en la ausencia del efecto de cortesía (ej. 2’c: “¿Y dónde tienes tu otro estudio? -Acá en la Zona Rosa”) y en los valores subjetivos resultantes de la familiaridad de ego con el espacio de acá (ej. 13: “nos vamos así a un restaurán muy acá”).

Así como acá, allá representa un ajuste de mayor subjetividad en que el conceptualizador pierde noción de su propia presencia en la escena. Sin embargo, estos dos demostrativos de la serie -á se diferencian entre sí según la identificación de ego con el espacio que designan, donde acá representa la integración completa de estas dos entidades y allá, su separación total. Siendo aún subjetivo, allá presupone la existencia de un obstáculo conceptual que obstruye el objeto de percepción, toda vez que este referente no es naturalmente accesible para el conceptualizador. Este obstáculo puede ser simplemente la distancia, considerada como factor de inaccesibilidad, como en (14), presentado líneas arriba, o elementos físicos que impiden el acceso natural al objeto de percepción, como en (16):

(16) E: ¿y sus hijos viven aquí en Xochimilco?
I: sí/ todos son de aquí/ uno vive aquí atrás
E: mh
I: este <~este:>/ y ahora mi <~mi:> muchacha esta aquí vive
E: mh
I: la otra vive hasta allá (* allí ) adentro atrás de la capilla [CSCM].

Por este mismo motivo, allá es el demostrativo que sirve a situaciones en que el conceptualizador quiere destacar su separación de la entidad conceptualizada. En (17), el hablante asevera la soberanía de Dios al colocarlo en un lugar diferente del que ocupan los humanos; en (18), el hablante demuestra su rechazo al alejarse de un supuesto interlocutor que no come a placer, no ama intensamente y no se arriesga:

(17) [sí/ sí/ quién sabe] si no nomás de un golpe/ lo que sí/ este <~este:> mi garganta este/ porque tuve que ir/ una vez/ bueno/ yo no me/ no me sé pelear con nadie/ hacen lo que hacen/ yo no/ allá (* allí /* ahí )/ Dios que los bendiga/ no/ y una cuñada que <~que:> tengo/ este cómo se llama/ era muy mala/ y una vez este <~este:>/ cómo se llama/ me insultaron/ y yo sí le respondí/ y este dice “me las vas a pagar”/ “ay hija cuando quieras”/ le digo cómo se va a este al infierno lo oye/ se compró la cuestión [CSCM].
(18) Allá (* allí /* ahí /* acá ) usted con su moda: de no comer rico porque engorda, de no amar fuerte por si lo dejan y de no arriesgarse por si falla [letrero en una tienda de licuados].

El obstáculo conceptual implicado por allá también se observa en la siguiente situación hipotética. En la suposición de que dos interlocutores caminan por un bosque y uno de ellos quiere señalar una lechuza que acaba de posarse en un árbol para que el otro también la vea, un diálogo como (19) sería plausible (el ejemplo ha sido ideado por los autores):

(19) A: ¡Una lechuza!
B: ¿Dónde?
A: Allá arriba (señalando con el dedo índice).

En cambio, si el animal fuera una serpiente que se ubica en el camino a la misma distancia de los hablantes que la lechuza del ejemplo anterior, en la respuesta del interlocutor (A) cabría esperar otro demostrativo:

(20) A: ¡Una serpiente!
B: ¿Dónde?
A: ¡ Ahí ! (señalando con el dedo índice).

La diferencia en el demostrativo elegido para cada situación se explica toda vez que la lechuza se encuentra en un lugar alto, no inmediatamente accesible para los interlocutores, mientras que la serpiente ocupa el espacio accesible por el que pasarían los hablantes.

Un espacio integrado a ego, designado con acá, y un espacio que se desprende de ego debido a algún obstáculo intermediario, designado con allá, implican ajustes de percepción de mayor subjetividad. Por el contrario, en una visualización más objetiva, ego está naturalmente disociado de los espacios de referencia, motivo por el cual la noción de integración se torna ineficiente para caracterizar los miembros de la serie -í. Como se verá adelante, la relación de aquí, ahí y allí con los conceptualizadores se debe entender con base en otras dimensiones del campo mental, las nociones de dominio y focalidad.

Aquí”, “ahí” y “allí”. Dominio y focalidad

La relación paradigmática de los miembros de la serie -í está marcada por un contraste de mayor complejidad que el de la serie -á, en parte porque la categoría se estructura en una base ternaria, y no binaria. Para determinar los contextos de uso preferidos por cada una de estas tres formas, dos dimensiones del campo mental cobran relevancia, las nociones de dominio y focalidad. La primera es la que separa aquí de ahí y allí; a su vez, la segunda es la que caracteriza el contraste entre ahí y allí. Las secciones siguientes tratarán estos valores por separado.

Aquí” y “ahí”/ “allí”. Dominio de ego. Hasta el momento hemos intentado demostrar que la serie -í se organiza en torno a una relación independiente en la que ego y los espacios de referencia se conceptualizan como dos entidades disociadas una de la otra. Asociada a su carácter más objetivo, esta separación se admite como natural; es distinta de aquella con allá, en que la separación entre el hablante y el objeto de percepción está forzada por algún obstáculo que impide la conceptualización, fenómeno esperado en un ajuste subjetivo. Estando naturalmente disocia- dos, ego y aquí se organizan en torno a una relación de posesión en la que una entidad participa como punto de referencia y la otra como su dominio.

Con el fin de abarcar todo lo que está en la esfera de control del participante de la comunicación en un contexto específico, la Gramática Cognoscitiva introduce la noción de dominio (ing. dominion) como complementaria de la noción de distancia. El dominio es el conjunto de entidades (o la región en la que constan) de menor prominencia que está en la esfera de control de otra entidad de mayor prominencia, el punto de referencia (Langacker 1991, pp. 42, 170; 1993, p. 6; 2008, p. 242). Esta relación permite que el punto de referencia establezca contacto mental con las demás entidades, comportamiento análogo a la función ejercida por el posesivo en “mi cabeza”. Al decir mi (y no la), el hablante conceptualiza la cabeza como una entidad disociada de él, pero no por ello deja de estar en su esfera de control.

Respecto de los deícticos que interesan para el presente estudio, en el español de México aquí designa las localizaciones que están bajo el dominio de ego, el punto de referencia de la orientación. Este valor se evidencia en (21): el hablante presenta el cuarto en que su hermano falleció como un espacio que está en su dominio y al cual el oyente puede acceder visual y físicamente. Cuando la entidad es referida como una localización, el hablante usa aquí; cuando es un sustantivo, usa este, el demostrativo nominal responsable de anclar entidades que están en el dominio de ego (Kany 1994; Eguren 1999; González Álvarez 2006; Stradioto 2012):

(21) y mi hermano lo teníamos aquí internado/ exactamente en este cuarto/ en este cuarto de aquí / él falleció/ y aquí estuvo él/ internado/ le ponía yo suero/ le ponía su [medicamen- to] [CSCM].

La relación de los espacios de aquí y acá con el hablante hace que en diversas ocasiones estos dos demostrativos se utilicen en los mismos contextos. Sin embargo, conforme se ha discutido a lo largo de este artículo, la sutileza en el contraste de valores de subjetividad establece algunas restricciones para el uso de cada forma. Al contrario de acá, la conceptualización de un referente disociado de ego observada en aquí implica que el conceptualizador se establece a sí mismo como punto de referencia para la identificación del objeto de percepción, pero el acceso a este espacio está distribuido de manera simétrica entre los participantes de la comunicación. En ese sentido, con aquí el hablante elimina su posición de ventaja, existente en la conceptualización más subjetiva de acá. El hecho de que “dominio” no implica “acceso privilegiado” es evidente en el efecto de cortesía causado por el uso de aquí para indicar la localidad “Zona Rosa” (cf. ej. 2), caso en que la omisión del demostrativo, o incluso la sustitución por acá, no resultó en una aproximación del oyente al espacio de referencia. Otro ejemplo de la accesibilidad simétrica de aquí puede ser: “¿Tengo una basurita aquí en el diente?”. De lo contrario, la pregunta no tendría sentido, puesto que es el oyente, y no el hablante, quien ocupa la posición óptima para ver el diente.

La atribución del conceptualizador como punto de referencia del dominio de aquí se ha demostrado en diversas ocasiones. De manera contraria a esta relación egocéntrica, el hablante que emplea ahí o allí indica que las localizaciones a que se refiere no se encuentran en su esfera de control. El uso de estos dos demostrativos designa localizaciones a las que, por su carácter más objetivo, se puede acceder de modo simétrico entre todos los participantes. Por este motivo, en el significado de estas formas no existe una relación de posesión en la que una parte asume el papel de dominio y la otra el de punto de referencia. Estos valores se vuelven evidentes en contextos donde los espacios contrastan en cuanto a la distancia respecto de la ubicación física del hablante, conforme se observa en el siguiente caso:

(22) I: pues todos empezaron a agarrar sus tres metros/ en sí el terreno es ahí J mira donde está la/ la escalera
E: ajá
I: [de/ de ahí ]
E: [esa división]
I: de ahí / de allí para acá era el terreno/ y eso fue lo que se agarró de más
E: ya// ¿a poco por eso quedó [así?] [CSCM].

En (22), el referente terreno ocupa un lugar que no está en el dominio del hablante, aunque, al igual que su interlocutor, puede acceder a él visualmente. Para demarcar las dimensiones del terreno desde su perspectiva, el conceptualizador hace un rastreo que va del punto más lejano, en el que él no está (indicado primero por ahí y después por allí ), al más cercano (indica- do por acá). El valor de distancia del hablante expresado por medio de ahí y allí está reforzado con el uso de los demostrativos nominales esa (división) y eso, formas que se caracterizan por anclar entidades fuera del dominio de ego (Kany 1994; Eguren 1999; González Álvarez 2006; Stradioto 2012).

Otro ejemplo de que la ubicación del hablante tiene importancia en la selección de un demostrativo de la serie -í, pero que no consiste en el único argumento para ello, surge a partir de las pruebas de gramaticalidad realizadas abajo (los ejemplos han sido ideados por los autores para ofrecer un contraste evidente):

(23) a. Aquí (* Ahí /* Allí ) en la casa no, mejor aquí/ahí/allí en C.U. [hablante en su casa].
b. Aquí/Ahí/Allí en la casa no, mejor aquí (* ahí /* allí ) en C.U. [hablante en Ciudad Universitaria].

Estando el hablante en su casa o en Ciudad Universitaria, elegirá aquí para referirse a uno de los dos espacios, en tanto que cualquiera de los tres demostrativos de la serie -í serviría para indicar una localidad en la que él no se encuentra. La diferencia, en este último caso, es que con aquí el hablante presenta la localidad como parte de su esfera de control conceptual, efecto que no se observa con ahí y allí.

Hasta el momento hemos caracterizado la primera variable del campo mental que determina el significado de los demostrativos de la serie -í, el dominio. Se ha dicho que aquí designa espacios que se hallan en el dominio de ego, y ahí y allí, espacios fuera de este dominio. Se ha sugerido, además, que al contrario de los demostrativos de la serie , el ajuste objetivo de la serie garantiza a los participantes un acceso igualitario al objeto de percepción. Las variables consideradas hasta aquí (grado de subjetividad, integración de ego y dominio de ego) no son suficientes para caracterizar el significado de ahí y de allí. En lo que sigue, sostendremos el argumento de que el contraste entre estos demostrativos es binario y responde a un problema de focalidad.

Ahí” y “allí”. Focalidad. La focalidad está relacionada con la accesibilidad del referente. Las clases de palabras que presentan contrastes de esta naturaleza indican cuánto esfuerzo inferencial tendrá que ejercer el oyente para llegar al mensaje que el hablante está intentando comunicar (Kirsner 1996, p. 89). Se trata de un contraste entre “deixis fuerte” (high deixis) y “deixis débil” (low deixis). Según Kirsner (1993, p. 90), el hablante usa la deixis fuerte para dirigir una mayor atención a los referentes que son cruciales para su propósito y la deixis débil para dirigir una menor cantidad de atención a las entidades que desempeñan únicamente un papel de apoyo. Los deícticos débiles y los deícticos fuertes designan, respectivamente, regiones focales y no-focales. La región focal (high-focal) consiste en la región más central en el campo mental de visión del hablante y la región no- focal (low-focal ) implica un acceso menos inmediato en términos de espacio, tiempo y percepción (Janssen 2002).

En el español de México, ahí opera como un deíctico débil. El hablante en (24) emplea esta forma antecediendo localizaciones que no son perceptibles en su campo visual y que tampoco fueron mencionadas previamente en el discurso. No obstante, al decir “ahí donde vive la M” y “ahí en las Puertas del Pedregal” indica a su oyente que estos referentes no demandan mayores esfuerzos para que sean reconocidos; es decir, de alguna manera se encuentran presentes en la memoria común de los interlocutores.

(24) E: qué padre/ ¿no?/ pero cómo será realmente mira la gente/ ¿ves ahí donde vive la M?
I: ajá
E: ahí en las Puertas del Pedregal/ dice que los departamentos igual/ tienen abajo gimnasio/ alberca// [CSCM].

En contraste con la alta focalidad del referente de ahí, allí es un deíctico fuerte en el español de México. Su uso exige contextos altamente específicos en los que la identificación de la localización de referencia demanda algún esfuerzo por parte del oyente. Esta particularidad confiere a allí el valor de demostrativo más marcado. Mientras que aquí y ahí denotan la región accesible con un grado mínimo de subjetividad, allí hace lo mismo con una región que no ha sido objeto de atención en el entorno de la comunicación. Es un lugar que “podemos ver, pero que no habíamos visto”. Esta condición es bastante común cuando el referente está en relación contrastiva:

(25) pero nosotros/ el güero y yo/ fuimos/ aquí / rascamos todo esto/ hicimos un pozo de visita acá / allí en la curva/ donde está la casa de piedra
E: sí sí sí [CSCM].

El hablante en (25) recurre a allí como estrategia para designar el referente “la curva” y contrastarlo con los lugares más salientes, específicamente aquellos donde ocurrieron las acciones de “rascar” y “hacer un pozo” (previamente representado por aquí y acá). Lo que hace allí en este caso es colocar en perfil una localización que reside en la base. Se trata de un problema de prominencia. Mientras que el referente de un deíctico débil se encuentra en perfil en la situación previa a su mención, el referente de un deíctico fuerte recupera una entidad que estaba en el trasfondo del contenido compartido. La repetición de allí en (26) demuestra el intento del hablante por traer el referente a primer plano:

(26) I: mm el/ que está allí que está allí arrumbado/ donde está la pala que le llaman el trompo
E: ajá
I: ese/ [no sé por qué]
E: [¿el gris?]
I: sí allí donde está la pala/ ese [cuadrado]
E: [ah sí ya]
I: ese se le llama trompo [CSCM].

El interlocutor (I) emplea allí más de una vez mientras su oyente no establece contacto con el lugar de referencia -el interlocutor (E) demuestra que la localización todavía no está clara cuando hace la pregunta “¿el gris?”. Cuando (E) declara que este lugar ya es de su conocimiento, lo cual se hace evidente en su respuesta de “ah sí ya”, la localización de la pala deja de ser objeto de negociación.

Así como se distingue ego del lugar de referencia (con acá están superpuestos, mientras que con aquí se disocian), el lugar ocupado por el oyente no tiene por qué coincidir con el lugar referido por los demostrativos que designan el dominio fuera de ego. En el español de México, el oyente puede ocupar el lugar referido por allá y ahí, pero es muy raro que ocupe el lugar de allí:

(3’) ¿Qué tal todo por allá (* allí )? (hablando por teléfono).

La agramaticalidad de allí en el ejemplo anterior se explica por su carácter altamente focal a la vista de los interlocutores. El lugar en el que yo estoy naturalmente requiere de mi parte un menor esfuerzo para identificarlo que un lugar en el que yo no me encuentro. Esta condición está presente en el significado de acá. De modo semejante, donde se halla mi interlocutor es un lugar que normalmente está activo para él -en algunas situaciones, el oyente puede tener una conciencia equivocada de su lugar, como cuando ocupa un espacio prohibido y alguien le dice: “Quítate de allí ”. En este caso, aunque allí se refiere exactamente al lugar en el que el oyente se encuentra, el uso indica que el conocimiento del oyente acerca de su propia localización no corresponde a la expectativa del hablante. En síntesis, el hecho de que el oyente tenga total acceso al lugar de referencia excluye la necesidad del hablante de emplear un deíctico fuerte. El valor marcado de allí no sirve para estas situaciones.

Como consecuencia de su valor más objetivo, focal y fuera del dominio de ego, ahí se constituye como el demostrativo no- marcado en el español de México. Sobre este uso tratará la sección siguiente.

Ahí. Demostrativo no-marcado

Las secciones anteriores se ocuparon de demostrar que ahí forma parte del grupo de los demostrativos responsables de una visualización de mayor objetividad (serie con terminación ); que se distingue de las demás formas por designar referentes que no pertenecen al dominio de ego (en contraposición a aquí) y que se encuentran altamente accesibles para el hablante y para el oyente (en contraposición a la menor accesibilidad de allí). Como consecuencia de estos valores, ahí se establece como el demostrativo no-marcado en el español de México.

Los estudios sobre las propiedades deícticas de ahí son inconsistentes en la descripción del espacio referido por este demostrativo. Algunos estudiosos afirman que su valor designa una región ubicada a una distancia intermedia del hablante (Hottenroth 1982; Anderson & Keenan 1985; Moliner 1998; Marcos Marín, Satorre Grau y Viejo Sánchez 1999), como en (5’), abajo nuevamente transcrito, y hay también quienes defienden que ahí indica la región en la que se ubica el oyente (Alonso 1968; Bello 1981; Matte Bon 1995; Moliner 1998; Alzueta de Bartaburu 2000; Alarcos Llorach 2001; RAE 2009), como en (7’):

(5’) E: podía haber tenido secundaria [ya/ ¿no?]
I: [sí/ sí/ sí]/ como la secundaria Tlalpan que está ahí en contraesquina
E: claro/ [mh]
I: [creció] creció creció/ y ahora ya tiene preparatoria [CSCM].
(7’) Estuvo sentada ahí donde tú estás [CREA México, oral].

Hemos visto, sin embargo, que estos dos valores no son los únicos posibles. En usos más referenciales, el demostrativo también puede ser utilizado para señalar espacios ubicados a distancias cercanas y lejanas del hablante (4’) y (6’):

(4’) en la fuente/ ah pues no/ pues tú / ahí ahí está ¡padrísima!/ esa la voy a ampliar/ salió ¡muy padre! [CSCM].
(6’) I: tal vez sí/ entonces sí es que carne buena/ pero ya el animal ya está criado/ con puro alimento/ ya no es pastoreo/ entonces todo ese alimento los hace crecer los hace/ pero ya la carne ya no
E: mh
I: ya no va-/ vete a un pueblito ahí lejos por ahí <~ai>/ digamos por/ las costas/ comes una carne/ sabrosa y buena
E: y sí se siente ¿no? el/ el olor es este [CSCM].

Las localizaciones de los ejemplos de (4’) a (7’) ocupan un lugar en el mundo físico; son contextos en los que opera el grado máximo de referencialidad. Sin embargo, los datos demuestran que no hay una región específica para ahí. De tener un arreglo de visualización de máxima objetividad, el hablante que emplea este demostrativo conceptualiza el objeto de la percepción como una entidad independiente de él mismo. Además de este valor, ahí es el demostrativo que menos información presenta para que se establezca la atención conjunta entre el hablante y el oyente, puesto que esta atención ya se encontraba previamente establecida. Su mayor flexibilidad de uso está relacionada con estos factores.

Como consecuencia de la vaguedad del espacio denotado con ahí, en la actualidad se observa una atenuación locativa en la referencia establecida por este demostrativo. La primera etapa de este proceso se ve reflejada en el caso que transcribimos a continuación:

(27) bueno/ más o menos sabía/ tenía idea/ pero no/ no lo manejaba tan rápido// y fue cuando fui a casa de V una vez/ ahí me fui a quedar toda la noche con él [CSCM].

La localización “casa de V” no está presente en el entorno físico de la comunicación. Sin embargo, el oyente la identifica como la localización de ahí porque éste fue el elemento mencionado previamente por el hablante. Se trata de un operador anafórico -la búsqueda del referente se establece en la memoria inmediata de los interlocutores.

El siguiente paso en la atenuación locativa de ahí difiere del paso anterior en cuanto que el referente no se halla presente en el discurso, pero sí en las experiencias compartidas por los hablantes. El fragmento siguiente representa uno de estos casos:

(28) a. Pues sí él/ pues dicen que sí/ <…> tiene fama ahí en la oficina de que no// bueno/ no que sea malo/ o sea/ sí sabe mucho porque sí sabe/ ya lo sabes/ pero es como muy distraído [CSCM].

La localización de “ahí en” no se encuentra visible a los ojos de los interlocutores. Tampoco puede accederse a ella en el discurso anterior, puesto que ésta fue la primera vez que se mencionó el referente “la oficina” en este diálogo. El demostrativo en tal contexto no está asumiendo valores referenciales o anafóricos. El elemento de contemplación de ahí en (28a) corresponde a un espacio de conocimiento compartido por el hablante y el oyente y, como tal, la búsqueda del referente se encuentra en las experiencias previas de cada uno. Este valor es aún más evidente cuando se omite el demostrativo:

(28) b. …tiene fama en la oficina de que no//.

En (28a), el hablante anticipa al oyente la información de que la oficina de referencia es un lugar que se encuentra activo en la comunicación. Este uso es distinto del que se aprecia en (28b), en que la omisión del demostrativo excluye la información de que se trata de una localización conocida. El artículo determinado la indica que el elemento “oficina” está presente en la memoria de los interlocutores, pero no necesariamente corresponde a un lugar de conocimiento compartido. Este valor sólo existe en el enunciado original.

Del valor más referencial (ejs. 4’-7’) se desprende el uso anafórico, en que el referente es accedido en el discurso inmediatamente anterior (ej. 27). El recurso de buscar la referencia en la memoria inmediata es sustituido por el de la memoria a largo plazo en un segundo paso de atenuación locativa de ahí (ej. 28). En este último caso, el referente no está presente en el discurso, sino en las experiencias previas de los interlocutores. La tercera etapa de este proceso es aquella en la que se pierde la coordenada temporal de la memoria y se mantiene únicamente el sentido de atención inmediata:

(29) I: pues un poquito porque pues hay que cuidarlo y…
P: [sí]
E: [claro]
I: tiene necesita muchos cuidados/ pero pues ahí <~ai> me/ nos vamos haciendo el tiempo (risa) [CSCM].

En este ejemplo, ahí indica únicamente el espacio de atención a los interlocutores. Este espacio no está ubicado en el entorno físico, en el discurso previo o en las experiencias de los interlocutores, sino que se establece al momento en que se profiere el enunciado. El grado máximo en la atenuación locativa del demostrativo se está reflejando en el uso sin acento (“ai nos vamos”).

Conclusiones

El estudio se ha ocupado de demostrar que el español mexicano dispone de cinco formas demostrativas (aquí, acá, ahí, allí y allá) que se distribuyen con base en las siguientes variables binarias: el modo de construcción de la escena, representado por la mayor subjetividad (serie -á) (“trabaja acá también”; “un restaurante muy acá”) y la mayor objetividad (serie ) (“deposite los libros aquí”; “aquí en el diente”); la integración de ego con el espacio de referencia, representada por la integración total (acá) (“así le hacemos acá”; “venga para acá”) y la separación impuesta por algún obstáculo conceptual (allá) (“quiere que me vaya por allá”); el dominio de ego, representado por localizaciones que están en este dominio (aquí) (“lo teníamos aquí internado”) y que no están en este dominio (ahí y allí) (“de ahí para acá era terreno”); y la focalidad, representada por la región no-focal (allí) (“allí donde está la pala”) y la región focal (ahí) (“Estuvo sentada ahí”).

La terminación -á en los demostrativos del español de México representa situaciones en las que el conceptualizador ajusta su visualización con el grado máximo de subjetividad. El hablante “inmerso” en su campo de visión conceptualiza el espacio de referencia como una parte de él mismo, valor que se expresa por medio de acá. En cambio, cuando algún obstáculo conceptual intercede esta integración natural, allá es la forma empleada. Estas características atribuyen a los referentes de la serie -á la sensación de que son menos precisos y señalables que los referentes de la serie .

Aquí, ahí y allí designan localizaciones con un grado mayor de objetividad. El hablante percibe la escena desde un lugar externo, disociado del lugar de la referencia, característica que permite al oyente acceso igualitario a este espacio. Con aquí, la localización se encuentra en el dominio de ego, el punto de referencia de la conceptualización. En cambio, ahí y allí indican que la localización no está en una relación posesiva con el conceptualizador.

La última variable binaria en la organización del paradigma de los demostrativos está relacionada con el esfuerzo inferencial en la localización del referente. Esta característica se aplica especialmente en un ajuste de mayor objetividad que se observa en las formas ahí y allí. Allí es el demostrativo más informativo; cumple con la función de traer a primer plano una localización observable que se encuentra en una región no-focal. Su uso es altamente enfático y señalable, por lo que constituye un deíctico fuerte. Ahí, por lo demás, designa referentes que ya se encuentran activos en el contexto de la enunciación, característica propia de un deíctico débil. Esto lo define como elemento no- marcado en la categoría de los demostrativos. Al ser menos informativo, puede asumir una mayor amplitud de contextos, lo cual se refleja en su número de ocurrencias. La mitad de las veces en que un mexicano usa un demostrativo, escoge ahí ([aí] o [ái]):

Tabla 1.

Ocurrencias de demostrativos en el Corpus Sociolingüístico de la Ciudad de México


Aquí Acá Ahí Allí Allá
Núm. de
ocurrencias
en el CSCM
31.5% (3939) 7.7% (957) 49.9% (6228) 2.8% (347) 8.1% (1014)

Las ocurrencias de demostrativos en el CSCM también indican una baja frecuencia de uso de allí (2.8%), dato condecente con su uso altamente restrictivo, así como la preferencia por las formas respecto de -á (84.2% x 15.8%). Considerando que la función básica de los demostrativos es establecer la atención conjunta entre el hablante y el oyente, el ajuste más objetivo parece ser el que mejor cumple con estos propósitos.

Los grados de distancia atribuidos al significado de los demostrativos son una de las consecuencias de las propiedades semánticas que fundamentan su uso. La descripción clásica de que acá y allá ocupan los extremos de la escala, designando respectivamente el lugar más próximo y el lugar más distante, y aquí, ahí y allí, los puestos intermedios (acá < aquí < ahí < allí < allá), se explica por las variables consideradas en el presen- te estudio. El espacio de acá ha sido interpretado como el más cercano porque consiste esencialmente en el punto de partida de la orientación espacial, la coordenada cero. Aquí ocupa la segunda posición en esta escala porque desarticula el lugar de referencia del lugar de la conceptualización, pero en esta des- articulación el referente permanece en la esfera de control del hablante. Ahí es el demostrativo intermedio y a la vez el más neutral. No está en el dominio del hablante, pero se encuentra activo y accesible tanto para él como para su interlocutor. La mayor lejanía de allí respecto de ahí se explica por su carácter altamente informativo. Siendo la región más marcada, el camino mental recorrido para llegar al referente de allí requiere un doble procesamiento. Lo que salta a nuestros ojos se interpreta como más cercano. A la vez, lo que no es visto parece estar más lejos. Por último, allá ha asumido distancias lejanas porque implica la existencia de un obstáculo conceptual que rompe con una relación natural de parte-todo.





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Notas al pie:

*.

fn1Este artículo no sería posible sin los valiosos comentarios de Rodrigo Romero e Iraide Ibarretxe-Antuñano, quienes en más de una oportunidad brindaron luz al análisis de los fenómenos lingüísticos aquí tratados.


1.

fn2Bello 1972, pp. 118-119; Carbonero Cano 1979, p. 75; Nilsson 1983, pp. 257-259; Ramsey 1966, p. 576; Salvá 1988, p. 498.


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